miércoles, 8 de noviembre de 2017

Cabo Agulhas

No puedes ir más al sur, dentro del África continental, sin mojarte los pies. Me habían cancelado la excursión para ver tiburones blancos por mal tiempo, así que busqué quien que me llevara al punto más meridional de África.
Una vez más, lo que nos enseñaron en el colegio está mal, y no es el Cabo de Buena Esperanza donde se encuentran los océanos Atlántico e Indico. Hace falta ir un poco más hacia el este, unos 200km por carretera desde Ciudad del Cabo – la mitad del camino en mi caso – hasta el cabo Agulhas.
El paisaje desde el coche, a primera hora del día, ya merece la pena. No hay demasiadas nubes, pero sí un viento fortísimo que levanta olas tremendas. Aquí en tierra apenas lo notamos en cambio.


Pasamos sin detenernos por la población de Elim, un enclave fundado hace un par de siglos por misioneros alemanes, protestantes de la Iglesia Morava, que me sorprende con sus tejados típicos de fynbos. Estas plantas de hojas finas que crecen en forma de arbustos son muy típicas en la zona y se caracterizan por su resistencia, llegando a durar los tejados varias décadas.

La fuerza del viento nos trae nubes negras que de momento pasan de largo. Pronto, el sol vuelve a brillar en un día meteorológicamente alocado.

Poco después nos detenemos en Struisbaai, un puerto pesquero, aunque parece que todos los barcos, excepto uno, están faenando. Allí mismo, hay una playa enorme, de unos 40 km de largo. Según mi chófer, la más larga de todo el hemisferio sur. Me pregunto qué dirían argentinos, australianos o neozelandeses si le escucharan, pero soy prudente (por una vez) y me callo.


Aparcamos y me acerco al faro, tomando nota de los posibles peligros de la zona. Es agosto, pero aquí estamos en invierno y en plena temporada de lluvias. La temperatura no es muy alta, nos permite caminar sin pasar demasiado frío, y seguro que los bichitos están hibernando, pero más vale tener cuidado.



Aparece ante mí una pasarela de madera con el océano Índico al fondo.




El paisaje es espectacular. Ha merecido la pena la hora y pico de coche para llegar hasta aquí.





Las rocas en primer plano, el color increíble y cambiante del agua, y al fondo, unas nubes cada vez más negras que no tardarán mucho en alcanzarme. El viento pugna por llevarme consigo.





No muy lejos se encuentra la placa que nos informa del punto en el que los dos océanos se encuentran: el Índico a nuestra izquierda, el Atlántico a la derecha. El nombre, cabo de las agujas en español, viene de un descubrimiento: en este punto, la declinación magnética es nula, y las brújulas apuntan exactamente al norte geográfico (Wikipedia).


Apenas hay un puñado de turistas, dos de ellos españoles. Un poco más allá encuentro un pescador sobre las rocas y frente a las olas, que crecen en tamaño y número.


Porque el mar en sí es un espectáculo. Mientras, las aves parecen esperar a que pase la inminente lluvia, a que el viento y las olas se calmen, si es que lo hacen en algún momento en esta esquina del mundo.




Ha pasado una hora, y viendo la que se me viene encima, decido volver al aparcamiento.
Poco antes de llegar al faro caen las primeras gotas. Desde la seguridad del coche echo un último vistazo a la pequeña población que hay junto al cabo.




Ya solo queda volver al hotel y buscar un plan para por la
tarde.

11 comentarios:

unjubilado dijo...

Muy curiosa y espectacular la excursión. He estado en Kaap Agulhas, si pinchas con el ratón a la izquierda de la marca, te aparece que eso es el Atlántico Sur y si lo haces a la derecha el Océano Índico.
Lo que voy a fardar cuando se lo cuente a mis compañeros...
Claro que me cogieron por banda los sudafricanos y ahora me toca pintar una raya blanca de separación entre ambos océanos para que los pescadores sepan de donde procede su pesca. ¡¡Menudo puro!! Y tengo que ir todos los fines de semana hasta que termine de pintar la raya.

silvia de angelis dijo...

Meravigliose immagini del mare, in tutte le sue manifestazioni
Un saluto,silvia

Conchi dijo...

Hola Tawaki, la verdad es que te haces unos viajes de ensueño, la fotos son estupendas.

Feliz fin de semana.
Un abrazo.

FaerieGlen dijo...

Una esquina del mundo muy bonita, y por tus fotos se ve que además es muy tranquila.
Qué valiente el pescador, con tremendo viento y el mar tan bravo.
Una entrada interesante. Mereció la pena tanta carretera, ya lo creo.
Me gustó mucho la foto de la pasarela, inspira una calma especial. Y las fotos de las aves allí mirando expectantes, hipnotizadas, como lo estaría yo.

Ela dijo...

That's a gorgeous place !!
Fantastic pics !!
Greetings

Una mirada... dijo...

Qué delicia de fotos. El mar se ve maravilloso bajo el cielo encapotado. Y esa apacible soledad del paraje que invita a la actitud contemplativa aun bajo la lluvia.

Abejitas dijo...

Preciosas imágenes, esperamos que lo hayas pasado genial.

¿Sabes? Las abejitas estamos fabricando nuestra miel de nuevo con muchísima ilusión. Esperamos que pronto puedas visitarnos en la colmena.

Besitos de miel

Laura. M dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Laura. M dijo...

Y tan espectacular Javier. Uno al lado del otro uniéndose y mostrando su belleza y fuerza. Me encanta el mar y me he recreado bien en tus fotos.
Besos.

nélida dijo...

Bellísimoooo!

Puesto que has posteado, el viento no te ha llevado con él :)

Me encantan los faros. ¿Será porque me aseguran de alguna manera que allí está el mar?



Rud dijo...

¡Genial, Tabawi!
Nunca he estado en un lugar de confluencia de dos océanos. He visto cómo el río Negro y el Amazonas corren juntos durante algunos Km. sin juntarse, es algo diferente y asombroso. El dato acerca de los “tejados ecológicos” es muy interesante, ¿te imaginas que te duren los tejados de fynbos varias décadas? Me parece, estimado Tawaki, que la playa más larga del mundo se halla en el estado de Río Grande del Sur en Brasil; pero si algún argentino me dijese que está en su país, nada dijera.
¡Serpientes y arañas! Dos especies que procuro mantenerlas alejadas de mí :) Me ha parecido fascinante tu relato, las fotos hermosas y mi imaginación vuela pensando en hallar la diferencia de tonos y matices de lado y lado del mar. Al final pensé que regresarías a beber un delicioso chocolate calientito; sucede que yo tengo frío.
Salud, un abrazo